Cabecita loca ¿Qué le cuentas a tu jefe?


Siguiendo con la línea desenfada y, perdonen, muy personal y  a veces subjetiva, utilizada en la sección de "Los Jefes"; ésta vez vamos a hacer unas cuantas reflexiones que, en fín, quizás compartan e igual no. No son recomendaciones, no son consejos, no hemos contado con la colaboración de la Universidad de Connecticut en USA, ni de ninguna otra que la de la "la vida", y muy posiblemente se nos  pueda tachar de osados, a veces incogruentes, inexpertos y otras lindezas (...del montón).

 

"Y al final, ¿cómo es la cosa? ¿Uno lleva la vida por delante o la vida se lleva por delante a uno?" (Mafalda -Mendoza, Argentina, 1964-Forever e hija de Joaquín Salvador Lavado (Quino)-. Un amor de mujer que en poco recuerda a un jefe; snif, snif...

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No le digas a tu jefe…


… que tienes resaca, si apareces con la “carita de cartón” que se te pone cuando vas al trabajo de “empalmada”. Dile que cenaste algo en mal estado y que has pasado mala noche. Dile además que esta mañana te levantaste mejor y consideraste que estabas en perfectas condiciones para ir a trabajar.


Partiendo de esta base tan obvia, vamos, quien no lo vea así va “de nalgas y cuesta abajo”, hay muchas otras cosas que nunca, nunca, nunca se le pueden decir a un jefe.


¿Por qué?, pues porque hemos ahondado en los planteamientos psicológicos que utiliza el cerebro de un jefe, hemos analizado sus recursos intelectuales para asociar ideas peregrinas a las repuestas de un empleado, y hemos descubierto los secretos más íntimos de sus pensamientos.

 

Todo sabemos lo difícil que resulta cuando el jefe pregunta si estás satisfecho con las responsabilidades que tienes adjudicadas.

Si contestas que si… su respuesta interior será: Este empleado carece de ambiciones.

Si contestas que no…pensará para sus adentros o te dirá: Pues buscate otro trabajo.


Y así con todo.

El jefe decide que te va a cambiar de departamento y pregunta: Estarías dispuesto a enfrentarte a un nuevo reto profesional?

El empleado responde: Si. Pensamiento de jefe: Mira tu que valiente, si no sabe ni de que le estoy hablando.

El empleado responde: No. Pensamiento de jefe: ¿cuando le cumple el contrato a este tipo?

El empleado responde: Depende. Ahí ya nos hemos dejado clavar la puntilla y estamos heridos de muerte. Lo menos malo que puede destilar el pensamiento del jefe es : Depende, ¿ de que depende?, de según como se mire todo depende e e e.


Y en cuanto a tu vida personal, ni un solo dato, sería como meter pirañas en tu propio bidé.

Que le cuentas que estás pasando por un mal momento familiar, automáticamente te pasará al fichero de empleado no productivo.

Que por el contrario le dices que eres muy feliz, escudriñara tu cara todos los días para ver si descubre esa sonrisa de tonto que nos pone después de una buena noche y pensará, este está más a lo suyo que al trabajo.


Entonces, ¿ que podemos contarle al jefe?. Nada, absolutamente nada de nada.


Hay que especializarse, si es necesario hasta hacer un master, en la habilidad tan propia de los inteligentes gallegos de contestar ampliamente a cualquier pregunta sin aportar un solo dato clarificador de respuesta alguna.


Pongámonos en situación. Es lunes. Llegas a la oficina, o similar, te cruzas con el jefe.

Jefe: Buenos días, ¿que tal el fin de semana?

Tu: ( siempre gesto alegre y vital) Muy buenos días, ¿y el suyo? ¿ha descansado?.

Jefe:Claro con este buen tiempo llevarias a los niños a la playa.

Tú: Hablando de niños, el nuevo becario ¿ no es demasiado joven?. Me atreví a preguntarle hasta la edad porque me sorprendió su aspecto de crío. Solo por si era uno de esos niños prodigio que terminan la carrera con 15 años. ( risas) y cuanto más rollo metas, mejor.

Jefe: Con todos los caminos hacia una conversación de “colegas” cerrados: Bueno, a trabajar.

Tú: Eso.

 

 


Al rato el jefe se acerca a tu mesa.

Jefe: Has revisado el programa de tu departamento para esta semana?

Tú: Revisado. En tono de repetir, nunca de responder, recordemos que tenemos derecho a guardar silencio y que todo lo que digamos puede ser utilizado en nuestra contra.

Jefe: No será quizá una sobrecarga de trabajo.

Tu. Sonrisa amplia. Todo en orden.

El pensamiento del Jefe empieza a sentirse un tanto confundido, y vuelve a marcharse.


Al poco te llama por teléfono. ya ha concluido que es inútil darse paseos para hablar contigo.

 

Jefe: ¿Recuerdas que tenemos que entregar mañana el informe trimestral?

Tu: El informe trimestral. De nuevo tono de repetición

Jefe: ¿Lo tienes acabado?

Tu: Tranquilo jefe, no se ocupe de eso que es cosa mía.


Con un poco de suerte y con este sencillo método hemos superado con éxito toda una jornada laboral. El cerebro del jefe, fiel a los principios del “tercer grado” seguro que no habrá dejado de maquinar conclusiones, pero no serán sobre ti.


Es posible incluso que hayamos conseguido desviar esa innata tendencia a actuar como fiero sabueso de nuestro jefe, hacia el aspecto sospechosamente juvenil del becario. El becario el pobre, que tiene mas barba en la cara que un sarraceno y hasta peina incipientes canas...

 

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