Entrevista a Imma Folch, empresaria y fundadora de la agencia de marketing y comunicación LF Channel
Imma Floch es, a sus 45 años, socia fundadora y CEO, además de propulsora de la creación de la compañía a los 30 y Marketing Chair de Worldcom EMEA en la actualidad. Ingeniera en Telecomunicaciones, tomó consciencia, trabajando como product manager en un mayorista, de las necesidades de formación e información existentes en el canal informático y, casi sin proponérselo, fue madurando su visión de negocio sobre cómo satisfacer una parte importante de ellas.
¿El empresario nace o se hace?
Provengo de una familia de pequeños empresarios, con mejor o peor fortuna. Durante mi infancia viví el stress que conlleva tener una empresa o un negocio provocado por los problemas y adversidades que siempre surgen, pero también el desarrollo del concepto de responsabilidad y aceptación del reto. Recuerdo que cuando le dije a mi padre que iba a montar una empresa, su primer consejo fue: “no lo hagas. Vivirás más tranquila con un sueldo”.
¿Tener una buena idea es suficiente para iniciar una aventura empresarial?
Yo creo que no. La idea buena, de por sí, no es suficiente, ya que requiere del entorno adecuado, de tu momento vital, de las personas implicadas y de la financiación, por supuesto. A veces nos surgen grandes ideas que sobre el papel pueden ser un éxito pero, sin las personas adecuadas, serán un fracaso y fuente de frustración.
¿Cómo surgió la idea de fundar LF Channel?
Antes de montar LF Channel yo trabajaba en un mayorista informático. En el año 1995 se empezaba a vender informática en centros comerciales y, como responsable de marketing de marcas líderes, percibía la necesidad de formación que existía tanto en los puntos de venta
como en los mismos fabricantes. El canal estaba cambiando y la informática se estaba convirtiendo en una solución de gran consumo. La responsable de comunicación y yo teníamos largas conversaciones al respecto y comentábamos la necesidad de una empresa se servicios que facilitara información y formación a través del canal. De ahí surgió la idea.
¿En qué momento decidiste comenzar tu proyecto empresarial?
Recuerdo que en mi trabajo las jornadas eran larguísimas y el volumen de trabajo muy alto. Un día me llamo un amigo explicándome que se iba a vivir a Guatemala. Yo prometí devolverle la llamada y quedar para ir a cenar. El trabajo se me comía la energía y el tiempo, hasta que un día ya no pude más y decidí llamarlo para invitarle a la prometida cena. Llame a su casa y su madre me respondió al teléfono. Pregunté por Miguel y su respuesta fue “¿Miguel? Hace dos meses que se ha ido a vivir a Guatemala”. Ese fue el momento exacto en el que decidí que debía llevar a cabo mi proyecto personal y gestionar mi tiempo laboral. Obviamente, una vez con mi empresa ya en marcha, las jornadas siguieron siendo interminables y el volumen de trabajo inmenso, pero empecé a ser dueña de mi tiempo.
¿Influye el hecho de ser mujer en el papel de empresaria?
En mi caso, mi vida profesional, desde el principio, se ha desarrollado en un mundo de hombres. Cuando yo estudié ingeniería el primer año éramos aproximadamente 150 estudiantes, de los cuales solo 12 mujeres. Hoy en día creo que ya hay más mujeres que estudian ingeniera que hombres. Así que, desde el principio, desarrolle un estilo de trabajo adecuado a ese mundo. El lenguaje, las conversaciones, las ambiciones y la competitividad son diferentes en el hombre que en la mujer y, cuando ellos son mayoría, hay que adaptarse sin perder las cualidades que a las mujeres nos hacen diferentes. Nosotras somos más gregarias, mas detallistas, tenemos una visión más horizontal y más cautas en general.
Constituí mi empresa a los 30 años recién cumplidos y quizás la edad me reportó más problemas que el hecho de ser mujer. Nuestros servicios tienen un gran componente de consultoría y con 30 años hay que rentabilizar mucho los conocimientos y la experiencia adquirida hasta la fecha ya que no se da por sentada.
¿Podrías comentarnos alguna anécdota de estos 15 años de andadura empresarial?
Empezamos en dos habitaciones de un piso particular y, por lo tanto, no teníamos sala de reuniones. Nuestra táctica inicial era siempre ir a visitar a los clientes potenciales a sus oficinas pero muchos de ellos no tenían oficina en Barcelona por lo que querían venir a vernos. Durante los dos primeros años ante una visita de cliente potencial siempre nos las arreglábamos para invitarles a comer en un restaurante próximo a nuestro despacho con la excusa de que “nos estaban pintando la sala de reuniones”. La verdad es que nos hicimos muy amigos de los camareros del restaurante.
Nuestro logo es un gato. Y ese gato existe. Es una gata que se llama Okeeffe y ahora vive conmigo. El 1 de Agosto del año 2000, alguien la abandonó a las puertas de nuestra oficina y decidimos adoptarla. Durante casi dos años vivía en la oficina y, siempre que alguien estaba inquieto o nervioso, la gata se acercaba y acababa en su regazo, relajando a la persona. Si, lo sé, es atípico pero cierto.
Volviendo al tema de ser mujer, recuerdo que cuando tuvimos nuestro primer empleado hombre y fuimos a ver a un cliente, el cliente se dirigió a él en todo momento, sin mirarme a mí, hasta que mi empleado, que se sentía claramente incomodo, tuvo que decir que él no decidía ya que la jefa era yo. Eso nos pasó varias veces y yo lo aprovechaba para tener una actitud más relajada.
¿Cuál es el secreto para mantenerse en el mercado sobre todo en los últimos años de crisis que llevamos arrastrando en España?
Sin duda alguna, el equipo de personas que trabajan conmigo y los valores personales. Para mí es más importante contar con un equipo alineado en valores que obtener más o menos beneficios. En una empresa de servicios, lo que “vendes” es el tiempo y el trabajo de las personas y, para obtener éxito, no sólo han de existir los conocimientos profesionales sino la confianza, la empatía, la energía positiva, la implicación y la responsabilidad. Cuando realizo entrevistas para puestos clave en mi empresa, no me detengo a mirar la formación ni la lista de empresas anteriores, sino la mirada, el lenguaje corporal o, el tono de voz.
Con el equipo adecuado y unos valores firmes, tienes el 50% del éxito asegurado. El otro 50% proviene de un 40% de trabajo y un 10% de oportunidades inesperadas que algunos confunden con suerte. La suerte la generamos nosotros al tener la actitud adecuada.
¿Qué consejos darías a todos aquellos que están considerando crear su propia empresa?
Creo que es importante no perder nunca la consciencia de uno mismo. Tienes una idea y la llevas a cabo y por supuesto que debes contar con una estrategia de futuro pero, para llegar al futuro, debes trabajar en el ahora. Hay gente que se olvida de ello y comete errores por no prestar atención a los detalles del aquí y del ahora.
Aquellos que empezamos con socios debemos, mentalmente, separar el papel de “socio” del papel de trabajador. Es habitual, después de un tiempo, tener conflictos con los socios y eso se debe a que no se ha delimitado bien el papel y la responsabilidad de cada uno dentro de la empresa. Además, hay que tener en cuenta que la gente puede caminar por el mismo sendero pero, poco a poco, cambiar la velocidad y llega un día en que ya no estáis el uno al lado del otro. Cuando pasa esto lo mejor es hablar claro y negociar una salida. A lo largo de la vida nos cruzamos con personas esenciales en periodos esenciales pero la permanencia en el tiempo es muy difícil.
Un consejo que le doy a aquellos que me comentan su idea de empresa es fijarse una fecha de cierre. Sí, les digo que monten una empresa con duración determinada de, por ejemplo, cinco años y a los cinco años, si todo es como ellos habían deseado, que sigan
¿Por qué decides buscar apoyos a través de una red internacional?
Los mercados cambian, aparecen nuevos servicios, nuevos competidores y nuevas necesidades. Es imposible en una empresa de servicios mantenerse en un mercado sin una constante evolución. Como personas, podemos saber mucho, ser muy inteligentes o tener una buena visión pero nunca es suficiente. Hay que encontrar la manera de crecer, tanto profesionalmente como personalmente. En nuestro caso y, al trabajar con clientes internacionales, la manera de ofrecer un mejor servicio es aumentar nuestro radio de acción y nuestro conocimiento sobre otras culturas y otras visiones del mismo servicio. Decidimos ser parte una red internacional y, desde entonces, tenemos una visibilidad mayor y hemos conocido la manera de trabajar de otros mercados. Es una manera de enriquecernos.
Como española, es un reto estar en la junta europea de Worldcom. Nosotros trabajamos mayoritariamente para empresas tecnológicas, empresas para las cuales España es un mercado muy pequeño y no siempre prioritario. Al ser parte de la junta tengo una visión más global de la manera de trabajar de mis colegas europeos y de su entorno. España tiene una gran imagen como lugar de vacaciones pero ni la economía ni el tejido empresarial destacan por su credibilidad
¿Qué nos puedes decir en tu caso sobre el concepto de conciliación familiar?
Se habla mucho de la conciliación familiar y se invita a las empresas a que faciliten los recursos y las herramientas para que, tanto hombres como mujeres, puedan compaginar su mundo familiar con su mundo laboral. Yo creo que la base de la conciliación es la honestidad con uno mismo y la productividad. En España en general estamos muchas horas en la oficina pero no somos eficaces ni eficientes. Las costumbre típicas derivadas de nuestra manera de ser, de tener largas conversaciones sobre temas personales, alargar la hora del almuerzo al máximo, conversaciones en torno al cigarrillo, etc., nos hace ser poco eficaces. La conciliación es básica para estar en equilibrio con uno mismo.
¿Qué nos puedes decir en tu caso sobre el concepto de conciliación familiar?
Es esencial que toda persona dedique un tiempo físico y mental a la familia, a la salud, al cuidado espiritual y al trabajo. La compaginación de todo ello surge de la voluntad de hacerlo. Si todos fuéramos más eficaces en nuestros trabajos, no sería necesario tener horarios anclados en el pasado y dispondríamos de más tiempo para las otras áreas de nuestra vida.