Es precisamente en momentos de demanda estancada, menor innovación y menor diferenciación cuando las marcas deben activar sus dimensiones más emocionales, e intentar recuperar o construir mejores conexiones con sus usuarios. Al fin y al cabo somos seres emocionales y las emociones impactan directamente en hábitos y conductas de compra. El entorno, las marcas y los consumidores están cambiando a marchas forzadas. Muchos puntos de contacto de nuestras marcas son nuevos, cambian o adquieren más relevancia. La novedad y fragmentación de medios y canales de venta, el momento económico, las exigencias, las expectativas y el mayor control del consumidor frente al tradicional “bombo publicitario” habitual impuesto por las marcas (“A ver qué me quieren vender…”), está acabando por dar un golpe de gracia al modelo clásico de identidad predominantemente “funcional” de nuestras marcas. Es necesario desarrollar con nuevas capacidades y habilidades las nuevas dimensiones emocionales de esa identidad: nuevos atributos, valores, mensajes, personalidades y estilos de vida que atraigan, impacten, identifiquen y reflejen lo que somos y queremos. Para que se entienda, un claro e ejemplo, lo vemos en el pink branding y cómo las marcas se acercan a un mercado gay. Sólo entendiendo el sistema de valores gay friendly, las compañías podrán dirigir sus mensajes con mayor efectividad a un target muy codiciado en el mundo del Marketing. Xavier Puche Client Services Director Coleman CBX  |